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Aug. 10th, 2008

  • 8:53 PM
muerte

Dejar de respirar

 De cuando en cuando es necesario internarse en aquel mágico recuerdo (en el primero que han pensado al leer aquella frase). Recordar aquel memorable momento en que todo parecía ir bien, en el que daban ganas de seguir respirando y viviendo. Los recuerdos felices siempre nos han traído ese agradable sentimiento complejo, intangible y que no se puede limitar a una sola palabra. 

Mi recuerdo– el que me mantiene con vida–, no es precisamente uno feliz o lleno de vida…lo sé, yo en un principio dije que era un momento mágico en cual uno sentía la necesidad de vivir, pero para mí, aquel momento que me ha quitado de forma no intencionada el aire por unos momentos, es el que ahora me mantiene con vida.

 Han pasado un par de horas– y si éste relato lo hubiera comenzado antes de todo aquello–, les hubiera mencionado que es imposible enfermarse o morir por amor, mas ahora creo que es posible enfermar y morir por algo que a simple vista parece ser inexistente.

Había decidido ir al Parque que se encontraba a un par de horas de mi casa. Creo que me subí en el bus con cierto sentimientos premonitorio de que algo extraño iba a suceder, y mientras iba avanzando el Bus mi alma iba comprimiéndose y enfermando más de lo común, el sentimiento que comenzó a invadir mi cerebro fue bastante simple: Miedo. 

Sentí miedo, algo extraño en mí, y sentí también tristeza; algo más que común en mi persona. Creo que cuando llegué al Parque ya no me quedaban ánimos para quedarme en aquel lugar tan lleno de vida y pacífico –parecía ser una burla constante a mis pensamientos –. De todos modos entré en aquel lugar, después de todo, sólo iba a leer un par de libros y me devolvía a mi hogar.

 Caminé por aquel valle lleno de luces y constantes risas de niños, y caminé también por aquellos lugares vacios y sin vida que la gente prefería no frecuentar –siempre preferimos evadir la tristeza, incluso en aquellas situaciones simples. Me senté al borde de un frondoso y viejo Álamo y comencé a buscar entre mis cosas los dichosos libros que había decidido llevar: Una temporada en el infierno.

 Abrí aquel liviano libro sin cuidado, como si de aquel libro no dependiese mi vida, y sin darme cuenta de mis alrededores me sumergí en la reflexiones de Rimbaud. Ahora, que ya las horas han pasado, creo que el libro fue poco acertado para aquella ocasión.

Pasé mis ojos despreocupados y sin mucho interés. Algo estaba carcomiendo por dentro, como el gusano del cadáver o como la oruga de las flores. Sin darme cuenta, o tal vez percibí algo, mi mente se alejo de la realidad de modo que solo mi cuerpo quedó sentado en aquel árbol. Mi mente divagaba en otras situaciones dolorosas para mí: Muerte y amor, todo junto.

 No lograba entender por qué mis pensamientos se habían comenzado a dispersar de ese modo, no entendía o, mejor dicho, no recordaba aquella situación que mi corazón estaba evadiendo. De modo que llegué a la conclusión de que mi corazón intentaba ocultarme algo que mi razón aún no percibía ¿Qué era ese algo?

Siempre he sabido que  las emociones actúan mucho más rápido que nuestro razonamiento –no habría otra explicación para el “miedo” que sentimos de repente, o aquella tristeza sin razón aparente –, y sin embargo no lograba definir o delimitar todo en una sola palabra.

 ¿Sería todo esto por algún dolor físico? ¿O simplemente era la muerte, la cual me avisaba su triunfante llegada? De este modo comencé a razonar, sí, leyendo a Rimbaud.

 Y como si los pensamientos tuviesen más que la vida que yo les puedo brindar, comenzaron a asaltar mi conciencia y finalmente mi cuerpo. Llevé mi mano al bolsillo del pantalón y, como si mi respuesta siempre hubiese estado en aquel papel arrugado que saqué, comencé a abrirlo.

 Me encontré con una carta demasiado extensa como para copiarla y demasiado olvidada como para inmortalizarla (Incluso cuando aquel hecho esté aún en el presente, en mi patético presente lleno de  defunción y desesperanza). La carta en resumen me hablaba de un amor que mi cabeza estaba bloqueando… ¿desde qué momento comencé a olvidar todo eso?

 A la memoria se me vino –aun cuando siempre estuviese ahí –la razón de mi fuga al parque: Él había decidido olvidar todo, y yo, como una grandísima estúpida que no puede olvidar algo sin evadir la situación, dejé que aquella desastrosa escena quedase olvidada en mi desamparado cuerpo.

 Él, a quien le pertenecía mi turbadora vida, había decidido olvidar todo y comenzar de cero. Él, a quien le pertenecía todo mi uso de razón y de sentimientos, había determinado innecesario aquella conexión. Y, por última vez, él chico a quien yo le debía mi vida, había decidido que mi existencia no era necesaria en el mundo.

 Lo sé, debe sonarles demasiado melodramático o estúpido, pero para mí no lo fue. Cuando abrí ese mismo libro al medio día, antes de huir al parque, leí aquella carta y olvidé aquella carta de forma involuntaria (Ahora me cuestiono si fue mi poco uso de razón el cual me hizo bloquear toda escena triste).

 En el Parque, tirada (Ya no sentada), moribunda y discernimiento, comprobé una vez más que las cosas no iban bien. Leí aquellas tristes líneas finales de aquella carta: espero que comprendas, y espero que no sufras. Las cosas no son tan malas como las crees ahora…

No terminé de releer la nota por un par de razones “lógicas”: A quienes confié mi sentido de la vista, mis ojos, ya no servían para nada más que no fuese para llorar. A quien le confié el secreto de mi vida, mi corazón, había decidido que ya las cosas no iban más para bien por lo que comenzó a sangrar (y para mis males, el sangramiento no fue de forma figurada). Y de ese modo mi cuerpo entero se comenzó a descomponer.

 Tirada en aquel árbol me enrosqué, de modo que mi cabeza quedo apoyada en mis rodillas y mis brazos rodeaban mis piernas. De ese modo intenté olvidar todo nuevamente, después de todo, mucha gente decide olvidarse de las cosas importantes para que el dolor que produce el recuerdo no les consuma.

 Comencé a infectar mi mente de pensamientos enfermizos y repetitivos. Incluso creí desfallecer a cada nuevo respiro que daba, o creí que mi corazón iba a dejar de bombear sangre y se iba a romper como si se tratase de un débil cristal. Cerré mis ojos, un poco de dolor y otro poco de cansancio, y, como si las cosas pudiesen ir peor, mi memoria comenzó a lanzar hacia afuera los recuerdos más dolorosos,, lo olvidados, aquellos ignorados, y que intenté evadir por muchos años…

 La muerte de mi madre; la huida de mi hermano; la constante frustración por esta vida; mi amor siempre condenado al fracaso. También sentí cada una de mis perdidas e intenté guardar el luto correspondiente por cada muerte. Sentí también el remordimiento y la culpa, carcomiéndome por completo ¿Es posible ahogar el remordimiento? Bien decía Baudelaire al escribir sus prosas condenadas: el remordimiento es viejo e inmortal.

 Comencé a escribir cada uno de mis nuevos  recuerdos, y los lloré uno a uno. Mi respiración se iba haciendo cada vez más lenta y, excitantemente, frágil. Mi cerebro se fue comprimiendo más, haciendo notar la falta de oxigeno. Mis ojos, ya rojos en el borde, me ardían y los sentía pesados. Mi cuerpo se encontraba frío, con mi vida prácticamente extinta y difunta.

 Dejé de respirar, no por querer sino que por necesidad, y sin darme cuenta me fui desvaneciendo y cayendo a aquel abismo que muchos llaman muerte, sólo que no tuve la suerte de morir por completo. Morir lentamente cada día, era a lo que estaba condenada

 Cuando desperté me encontraba tirada en aquella misma patética posición, sintiéndome un poco más estúpida de cuando comenzó todo. Me senté nuevamente en el pasto, ya húmedo, y miré el parque: Estaba vacío y sin vida –supuse que me estaba imitando por lo gris y frío.

 Fue en ese momento cuando decidí dejar de llorar como una cría, decidí crecer y afrontar todos los problemas. No me podía hundir como un barco en naufragio sólo porque un hombre me había rechazado, o porque mi madre había muerto (incluso cuando el rechazo parecía más que superficial al lado de la muerte).

 Me levanté, no como si nada ni tampoco evadiendo, me levanté aceptando y cicatrizando mis heridas (ahora ya curadas con alcohol). Creo que salí del parque de otro modo: con ganas de vivir.

 En cuanto llegué a mi hogar, luego de un trayecto largo y inanimado, me tiré en mi cama como muerta. Creo que dormí un par de horas y me puse a escribir todo esto. No creo que este recuerdo me asesine o me destruya, más bien, creo que este pensamiento va a ser el que me mantenga con vida por un par de años más.

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Un nuevo Original en honor a un sentimiento extraño que surgió en mi corazón y que decidí plasmar acá.

 

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Irse es Morir un poco

  • Aug. 4th, 2008 at 10:07 PM
muerte

Tal vez dirán que soy de otra generación, incluso yo me encuentro de otra generación: aquella generación feliz y no modernizada. También pensarán en el titulo que le he puesto a esto; a todo lo que perpetuaré y grabaré hoy en papel es lo que yo llamo “Irse es morir un poco” y luego entenderán el por qué. Aún puedo recordar, con nostalgia y simpatía, los días en los cuales me creía reina del mundo, y en donde no existían los hijos ni los nietos (No me malinterpretéis cuando digo esto. Creo que la maternidad y, luego, la llegada de los nietos ha sido una cosa primordial e impresionable)

 

Recuerdo, tal como ya lo dije antes, que cuando tenía unos diecisiete años llegué a una cuidad nueva y completamente extraña para mí. Me mantenía siempre firme a aquellos cambios, entiendan que no era la primera vez que sucedía, por lo que me protegía más de aquello que los jóvenes de hoy en día insultan llamándolo “Amor”.  Nunca he creído en la hadas, la verdad es que en ese entonces amaba  ver todo negro y negativo, por lo que el cariño, afecto y amor, se me hacían bastante lejanos a mi persona.

 

Mas en esta historia hay un pero –como en toda historia  romántica –porque llegó el día en que, divagando por entre mis propios pensamientos, me encontré con uno que mi mente tendía a frecuentar y repetir día y noche: en aquel extraño chico. Algunos dicen que la vejez hace que las personas se vuelvan más románticas y sensibles, y otros más descorazonas hablan del adulto mayor como un simple estorbo. Pues bien, creo que con tantos años desarrollando esta historia en mi cabeza se me debería de hacer fácil relatarla.

 

Empezó en mi primer día de secundaria, lo recuerdo soleado y bochornoso, como suele ser el verano. Salí de mi casa sin ánimos, tal y como solía ir al colegio, y, luego de caminar un par de metros llegué al colegio. Las cosas que pasaban en mi colegio tendía a ignorarlas deliberadamente, al igual que a los alumnos y profesores, por lo que me costó un tiempo notar a aquel chico.

 

Se supone que tengo que hablar del primer hombre que entró en mi vida, un tanto brusco y sorpresivo, finalmente es quien merece este relato. En estas fechas, ya tan alejadas de aquella vida, no lograba recordar el nombre hasta que hace un par de días leyendo el periódico me encontré con quien solía ser mi amor de juventud: Allan.

 

Sí, él tenía mi misma edad y cursaba en mi mismo curso. También resulta interesante destacar el hecho de que ni él ni yo creíamos en el amor, incluso creía firmemente en que él era más desalentado que yo (en lo que respecta al amor).

 

Conversamos muchos días, incluso creímos estar juntos una eternidad; creímos tener la oportunidad de vivir una eternidad. Incluso a mi edad –la cual no deseo mencionar –continúo creyendo que la vida es demasiado corta como para perder el tiempo, y desearía tomarme una eternidad para terminar este relato, pero –por suerte para mí –no viviré una eternidad.

 

Éramos compañeros en el dolor; éramos amigos en la adversidad. Lo quise primero como un compañero, luego como amigo, y luego simplemente pasó…

 

Tal vez toda esta historia les suene repetitiva y falsificada de otra vida, pero tal como muchos han dicho: "No existe nada sobre la tierra que no haya sucedido antes, y tampoco existirá algo nuevo sin la misma base de otra cosa."

 

El punto del cual les quiero hablar es de la despedida. Hablar de despedida es hablar de muerte y pérdida a la vez, también es hablar de “dejar” algo de ti en otro sin siquiera cuestionarte si aquello es intencional o no. Mi tema no es el amor, incluso ahora no creo en el amor eterno, más bien creo en el amor trabajado a diario, o sino muere.

 

Sé de muchos que sufren el dolor de separación, incluso mi amistad de vejez –porque la vida me enseñó luego a tener amigos -, quien se hace llamar Pebbles, creo que sufrió de aquella misma desgracia: el hecho de despedirse.

 

La vez en que me despedí de aquel gran amigo perdí gran parte de mi vida, incluso me atrevería a decir que dejé de vivir por muchos años. Las despedidas nunca son gratas y siempre nos hace volver a aquella simple y controversial pregunta ¿Para qué despedirse?

 

Decir adiós es desaparecer y morir un poco, y es también dejar parte de tu propia vida y sentimientos en el corazón de otro ser más descorazonado que el tuyo. Incluso cuando mi hija, de improviso y balbuceándome palabras nerviosas, me dijo que ella iba a ser madre, a sus 16 años, sentí que me despedía de quien consideraba mi pequeña niña. Desaparecí un poco en aquella oportunidad, como desaparezco hoy al decir adiós a mis seres amados.

 

De vez en cuando comienzo a recordar mis épocas de antaño, y al volver a revivir a aquella despedida siento que vuelvo a desaparecer. Y al final, ya a estas alturas de la vida, todas las desapariciones son esperadas, algo así como una llegada al revés (Como si fuese retrocediendo y pudiese descubrir todo por el simple hecho de ya haberlo vivido antes).

 

Aún recuerdo la frase que me dedicó al final de mis días de juventud:

 

–Crecer es imperecedero, de todos modos crece y se fuerte –Recuerdo que cuando leí aquella parte por mi rostro se deslizó una vaga lágrima de dolor. Continué leyendo–. Hoy yo también muero un poco, y simplemente no entiendo… ¿Qué mal le hemos hecho a la vida?

 

Y al final es mejor no saber, no decir que se sabe, no decir que se sabe lo que no vale la pena decir. Simplemente terminar mi relato eterno diciendo: decir adiós es desaparecer un poco.
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Dedicado a Pebbles, mi amiga.

(gracias Gaa y Daff por corregirme mis errores)

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Aug. 2nd, 2008

  • 9:44 PM
muerte

100 Ventajas de ser mujer

1. Si no quieres trabajar, te mantiene tu marido.

2. La esperanza de vida es más larga.

3. Le puedes dar besos a tus amigas sin tener que preguntarte que pensaran.

4. Tus órganos sexuales no te controlan.

5. No te tienes que afeitar todos los días.

6. No sudas tanto.

7. Te dejan pasar primero y te abren la puerta.

8. Si tienes calor puedes usar falda.

9. No te tienes que poner corbata y saco para ir a trabajar.

10. Los hijos que tengas siempre van a ser tuyos.

11. Si tienes ganas de mear te puedes aguantar.

12. No tienes que mentirle a un chico que no te gusta.

13. Si llegas tarde del trabajo no te preguntan el por que.

14. No tienes que preocuparte por la calva.

15. Con los tacones puedes ser tan alta como quieras.

16. Un par de zapatillas te dura toda la vida.

17. No pierdes amigas porque son maricas.

18. Si no tienes auto sigues siendo persona.

19. Descansas sin culpas.

20. Te puedes dejar el pelo largo o corto.

21. No te tienes que emborrachar para divertirte.

22. Si eres pequeña no pasa nada.

23. Te puedes poner ropa de hombre.

24. Puedes ser solidaria.

25. Si no tienes camisa de marca esta todo bien.

26. Los chocolates superan al hombre.

27. No somos cobardes.

28. En el colegio la culpa siempre es de los chicos.

29. No tienes que preguntarte si tu pareja tuvo o no orgasmo.

30. No tienes caspa en el saco.

31. No tienes que competir por sexo con tus amigas.

32. Tus hijos no te tienen miedo.

33. Sabemos bailar.

34. Recibir al lechero, mecánico, diariero, y... otros servicios más.

35. Si estás en el Titanic te salvas.

36. No tienes tendinitis por jugar al fútbol.

37. No te tienes que fijar en el precio cada vez que pides.

38. Te enteras de todo antes que él.

39. Puedes hacer una maleta grande, total te la lleva él.

40. No tienes que conducir como formula 1.

41. Si te casas y te separas, ¡50% para ti!

42. La mayoría de las mujeres son heterosexuales.

43. El autobús siempre se para por ti.

44. Con la excusa de la "indisposición femenina" todo es permisible.

45. Llevas la mejor relación con tus padres.

46. Si eres desocupada es menos traumático.

47. No pierdes el tiempo tratando ganar campeonatos de fútbol que no existen.

48. Si vas a bailar, puedes bailar con tus amigas.

49. No te tienes que matar a golpes por un chico.

50. Aunque tengas 10 hermanos siempre eres la mimada de la familia.

51. Si te quedas embarazada la culpa es de él.

52. De cada 5 cárceles, 4 son para hombres

53. Para los casamientos no tienes que trajearte.

54. Son más comprensivas.

55. No te mueres de la envidia si una amiga progresa.

56. Entre un ladrón hombre y mujer, el sospechoso es el hombre.

57. No dices tonterías cuando estás con alguien que te gusta.

58. Tienes más variedad de ropa que el hombre.

59. Si te pegan, el es un h. de p. Si le pegas es en defensa propia.

60. No te tienes que hacer tratamientos por impotencia.

61. No roncas cuando duermes.

62. Puedes mirar a un hombre sin pensar en sexo.

63. Podemos "mirar" con disimulo.

64. No lo tienes que andar llamando para ver cuando puede salir contigo.

65. Si no puedes tener hijos, el que "no puede" es él.

66. No tienes que aprenderte la tabla de posiciones, que cambia semanalmente.

67. Una mujer linda, es una diosa; un hombre lindo es un puto.

68. Mujer linda e inteligente: muy admirada; hombre lindo e inteligente no existe.

69. No tienes que pagar para estar con alguien.

70. Si estas blanca te puedes maquillar.

71. Si se te pincha el caucho (neumático, goma) en la calle, se para un hombre y se encarga, mientras tú esperas en el auto escuchando música.

72. No te importa si tu marido gana más que tú.

73. Puedes llorar tranquila sin que se burlen de ti.

74. Si vas a bailar, damas obtienen descuento o pasan gratis.

75. No te tienes que fanfarronear con los chicos con los que sales.

76. Puedes destituir a un presidente por "acoso sexual".

77. De cada 1.000 personas ejecutadas en la silla eléctrica, 1 es mujer.

78. Puedes admitir que te equivocaste sin herir tu ego.

79. Mujeres se prostituyen con hombres; hombres se prostituyen con hombres.

80. No hay que andar acomodándose el bulto.

81. Si te quieres cruzar de piernas nadie se burla.

82. Puedes hablar y gesticular libremente.

83. No hay que andar apuntando cuando se mea.

84. Las mujeres homosexuales no se notan. Los hombres homosexuales dan vergüenza ajena.

85. La edad jubilatoria de las mujeres es anterior a la de los hombres (a pesar de vivir más tiempo).

86. Las mujeres tienen más intuición.

87. No tienen que ir a las guerras.

88. Te puedes cambiar el color de pelo sin tener que ser jugador de fútbol.

89. El monarca más importante del mundo es mujer (Inglaterra).

90. Sabemos mentir mejor que los hombres.

91. Puedes llevar más que la billetera en la cartera.

92. Puedes festejar el día de la mujer.

93. No somos parte de la mafia policial.

94. No nos agarra el típico "viejo verde" de los hombres, que da pena.

95. No hay que sacar los músculos para las fotos.

96. Si tienes frío le sacas el abrigo al hombre, y que se joda

97. No te tienes que preocupar por el "tamaño".

98. No tienes que caminar rápido si vas llevando flores.

99. Sabemos escuchar.

100 .No nos crecen pelos en la nariz con la vejez

XD es una lista que encontré hace un par de años y que me agrada mucho. Si, lo reconozco, soy feminista hasta decir basta pero estoy orgullosa de aquello.

 

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Jul. 30th, 2008

  • 1:25 AM
muerte


Otoño, variando a Invierno

 Sí, tal vez aquella chica tenía razón, de seguro me querían fastidiar el día (os debo decir que lo consiguieron). Las cosas no siempre salen como uno desea, o también puede ser: los problemas de mi adolescencia son una estupidez, mas si lo vemos de esa perspectiva quedaría como un estúpido por el simple, y a la vez complejo, hecho de que ignorar las cosas no es vivir.

 Lo sé, soy un estúpido, no me he presentado en lo absoluto. Soy Allan, una pequeña persona de apenas 17 años con serios cuestionamientos acerca de esta desgraciada vida. No deben ignorar el hecho de que todo lo que escribo en estos momentos es acerca de un hecho en particular que me carcomía el alma: Melancolía.

 No creáis que me refiero al sentimiento o al estado anímico de una persona. No, yo me refiero a mi mejor amiga (o eso es lo que yo le di a entender). Una chica normal, ya saben, 17 años y mi compañera desde siempre en el colegio. Ella entró en mi patética existencia cuando apenas tenía 14 años, y debo reconocer que en ese tiempo andaba dramáticamente enamorado de una de sus mejores amigas: Melany.

 No vale describir a Melany porque la historia no habla de aquella despiadada chica. En cuanto a Melancolía puedo hablarles de una persona silenciosa y un tanto suicida. Su primer consejo como amiga fue: Aléjate de mí, soy peligrosa. Y yo, como grandísimo estúpido que soy, no le hice caso y continué a su lado.

 Comenzó nuestra amistad sin ningún problema. De seguro hubieron un par de piedras en el camino, un par de mujeres que me jodieron la vida, un par de amigos que ayudaron a aquellas mujeres (No sé si captan aquella idea…). Pero siempre estuvo Melancolía junto a mí, aconsejándome y yo, como no, desobedeciéndole.

 Llegó el momento en el que Melancolía me dijo que se iba a marchar, no de cuidad o de país, sino que se iba de esta vida. Aún recuerdo aquella conversación, con dolor la recuerdo:

 –Me marcho –susurró suavemente con la vista hacia abajo.

– ¿Dónde vas? –le pregunté yo sin siquiera notar el rostro de quien era mi mejor amiga.

–Lejos… –me respondió con voz apagada.

– ¿Dónde vas? –repetí la pregunta  con ahínco.

– Me marcho lejos, a donde no puedes llegar sin estar muerto –sentí un nudo en la garganta de sólo pensar en el suicidio de Melancolía.

– ¿Por qué te vas? –pregunté en cuanto la voz uso salir.

– Por amor –Sin entenderlo aun mi estomago se comprimió y sentí unas leves ganas de vomitar. Sin embargo mi reacción fue distinta a la que mi subconsciente me gritaba.

– ¡Por las barbas de merlín! ¡Meli!– le llamé por el apodo que ella odiaba, y miré por primera vez a mi amiga y supe que ella ya había muerto hace muchos años. La tomé con brusquedad y la sacudí desde los hombros – ¡No puedes hacer eso! ¡No puedes! –Grité yo con cierto melodrama juvenil. Bajé mi rostro con frustración y desesperación ¿Han experimentado alguna vez lo que es tener una vida en tus manos? ¿Qué todo dependa de los consejos que puedas dar?

–Allan, mi querido amor… –Me llamó ella aún con el rostro en penumbras. Supe por qué no deseaba mirarme, por qué evadía mi mirada…ella estaba llorando –Ya no puedes hacer nada…Aun si me mantuviera viva sería un espectro, estaría completamente vacía porque yo…porque yo ya no existo – Las palabras de Melancolía se perdieron en el viento. Mi mejor amiga cayó a mis pies muerta, sin vida, sin existencia, y se fue incluso sin mí.

Lo sé, la historia es un tanto trágica pero esa es la historia que quería relatar. Suelo recordar esta historia cuando siento que mis problemas me ahogan, cuando siento que ya no existo, o que no soy nadie.

 Es verdad lo que me dijo aquella chica, esa chica tenía toda la razón. Melancolía me traspasó su enfermedad, si, de la que ella me advirtió: Me traspasó su débil existencia, y junto con ella me traspasó el dolor. Es una historia un tanto exagerada, un tanto dolorosa de recordar…pero vale la pena contaros acerca de mi melancolía, la chica que no supe amar.

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Jul. 25th, 2008

  • 5:21 PM
muerte

Cruciatus: la maldición torturadora.

 ¡Y el más grave dolor

Es ignorar por qué,

Sin odio, sin amo,

Lleno está de dolor!

 De pronto el salón se oscureció por completo, y me pregunté qué estaba sucediendo en el lugar. Intenté prender la luz, después de todo el interruptor se encontraba a mi lado, pero nada aconteció. De seguro se cortó la luz en éste lugar, pensé con total inocencia, mas cuando iba a salir del pequeño salón, en el cual me encontraba escribiendo, me topé en la puerta con un calido bulto que hizo que me cayera hacia atrás.

 
-¿Quién eres?- Mi voz temblaba de solo pensar en la oscuridad y el frío que de pronto había comenzó a cubrir mi cuerpo ¿Será que la persona parada en la puerta de salida la causante de todo esto?

 - No me conoces, no vale de nada decirte- Tenía voz áspera, del tipo que te da una vibración cuando la escuchas. Era Hombre, alto y no le conocía.

                                    

- ¿Qué haces aquí?- Me asustaba la idea de estar a solas con un tipo que ni siquiera conocía, ni siquiera sabía su nombre. Yo continuaba tirada en el piso rogando que no se tratara de algún enemigo, o peor, un mortifago.

 

- Es un lugar público ¿No crees? Tengo total derecho a estar acá- Me respondió, y su voz parecía ser una constante burla hacia mí.

 
Era verdad, era un lugar público en donde me encontraba. La biblioteca del valle de Godric era mi lugar favorito de entre muchos otros lugares, y a la vez era mi lugar de trabajo. Si,  yo era la bibliotecaria, era la nueva ya que Mis Ferry había renunciado por falta de profesionalismo. En fin, el lugar era público pero a esas horas la biblioteca ya estaba cerrada, y yo estaba encargada de ordenar los libros, lo cual hacia un rato y luego escribía.

 
-La biblioteca cerró hace más de dos horas. Llegas tarde- sentí que el intruso se estaba moviendo por entre las mesas, y yo continuaba tirada en el piso como una inútil.

 -Vengo a buscar algo pequeño nada más- Sentí la voz de aquel hombre a mis espaldas. Me levanté del suelo con cierto dolor físico, y apesadumbrada con aquel hombre que ni siquiera se había dignado a ayudar aun cuando no había luz podría haber dado alguna muestra de empatía para conmigo.

 -Ven mañana- ya estaba de pié, intentando ver entre la oscuridad al desacertado “Caballero”. Mis ojos ya se habían acostumbrado a la penumbra que cubría todo el salón, y la luna llena ayudaba bastante para reconocer la ventana nada más.

 - ¿Qué es todo este lugar?- La voz del extraño estaba demasiado cerca de mí, incluso pensé que estaba susurrándome al oído ¿Es que acaso no sabía en dónde estaba?

 -Es la biblioteca- contesté yo

 Y no hubo más charla por parte del hombre extraño, que ya no era tan extraño para mí.

Tuve que agudizar mi oído. El hombre daba pasos largos y en un par de minutos recorrió el lugar, descubrió todo acerca de mí y del lugar en donde realmente me sentía segura.

 Dejé de sentir miedo. Deje de lado mi inseguridad, después de todo  el sujeto había demostrado ser bastante civilizado. Lo sé, era una noche muy oscura, no había luz, y ese señor había aparecido en una situación bastante sospechosa.

 -Es un lugar muy agradable- Halagó luego de volver al frente mío

 -Lo sé, por eso siempre me escondo acá- Contesté orgullosa de mis acciones

 -No deberías. Es un lugar peligroso como para encerrarse-  Sentí la leve corazonada de que no estábamos charlando acerca de lo mismo.

 - ¿Qué mal podría pasarme?- pregunté un tanto escarnecida, y otro tanto estremecida.

 -Podría entrar un intruso, y entre penumbra asesinarte- temblé ante aquella aclaración. Temblé de solo pensar en morir con un Avada kadabra en mi cuerpo. Me sentí helada y engañada, como pocas veces me había sentido en mi vida

 -¿No crees que la muerte es un castigo demasiado duro para alguien que no ha cometido ningún tipo destrucción? ¿Piensas asesinarme con un avada kadabra?- Mi voz trepidaba a cada nueva palabra que salía. Mi única reacción fue comenzar a buscar mi varita, comencé a buscar algo que me salvara de aquel sentimiento.

 Sentí que el extraño se comenzaba a cercar a mí, y con un suave movimiento posó su mano en el costado derecho de mi frente ¿Qué estaba haciendo aquel intruso?

 -¿Sabes algo?- Preguntó él, mas no esperó a por mi respuesta sino que continuo hablando- A mí también me parece que la muerte es algo demasiado…fácil.-Su mano fría se deslizó hasta mis labios. Entre tanto miedo y terror, sentí cariño y afecto ante aquella caricia traidora.

 -¿Quién eres?-Nuevamente presione mi varita como si aquello me devolviera esperanza. Yo sabía que debía salir corriendo del lugar, pero mi cuerpo no se movía, mi instinto y alma  querían quedarse.

 -Yo soy sufrimiento…, soy aquel desconocido que entró por aquello puerta. Soy a quien muchos temen. Sinceramente no te puedo decir quién soy, pero si te puedo decir que he venido a hacer- él se autodenominaba sufrimiento ¿No era aquella demasiada información como para salir corriendo?

 -¿Qué debes hacer?- Sentí su helada mano retirándose rápidamente de entre mis labios, como si él hubiese preferido que corriera.

 -Debo matarte- Engañando a mi mente y mi alma comencé a correr, esta vez corriendo por mi vida.

 ¿Es que acaso no había presentido aquello desde el principio? ¿Qué es lo que motivo a quedarme con aquel extraño tanto tiempo?

 Mis piernas se movían lo más rápido que podían, pero él era más rápido aun por que con un simple hechizo paralizador logró que cayera al suelo.

 Nuevamente estaba en el suelo.

 -¡Crucio!- gritó el intruso apuntándome con su varita, y en medio de aquella plomiza imagen  pude reconocer aquel rostro. Mi mente divagó y relacionó la voz, el perfume y la mano, y todo me calzo a la perfección: él era a quien yo había cuidado en su enfermedad; él alguna vez fue mi paciente en mi propio hogar

 Pero ya era demasiado tarde.

 La Luz roja me dio de lleno en el pecho, por lo que la maldición fue cubriéndome de forma rápida y eficaz en un par de segundos. Las afiladas cuchillas guillotinaban mis brazos y pierna con culpa y dolor. En mi mente solo existía tres palabras: Amor, dolor y odio. Pronto comencé a sentirme más muerta que aun estando muerta, intenté no perder el control de mis emociones pero pronto, de a poco casi en forma de susurro, la muerte comenzó a cubrirme. Comencé a extinguir mi vida como un cigarrillo tirado, vaciado en un tifón.

 La maldición actúa sobre ti hasta que el ruin que te la lazo te deja en paz. No es hasta que es retirada la varita que el verdadero dolor, el cual comprimido te hace agonizar, se libera causando convulsiones y desfallecimiento. Aun con la maldición comprimida intentaba abandonar mi cuerpo, ser libre, ser un extinto más. Mas cuando retiró la varita me pude derrotar en el piso, en otras palabras, sentir el verdadero dolor que produce la separación…la soledad.

 Me quedé tirada, luchando por mantenerme cuerda y parecer resistente ante mi justiciero. Sentí mis brazos sangrando, mas aquello era imposible. Sentí odio, un profundo y sangriento odio hacia aquel intruso, que en realidad nunca fue intruso.

 Intenté moverme pero mi cuerpo aun sufría y se oponía a cualquier esfuerzo. Mi boca estaba seca y muerta, no por la maldición sino por el recuerdo de aquella caricia que se posó en ese lugar unos momentos atrás.

 Sentí pasos, él se estaba acercando ¿Es que acaso se iba a dignar a asesinarme? ¿Me iba a hacer aquel favor? Pero mis esperanzas se fueron al tacho de la basura y pensé “de seguro me va a agredir aun estando en el suelo”

 -Melancolía- Me llamo por mi nombre- Realmente no deseo asesinarte- Me sentí absurda tirada en el piso, me sentí como una cucaracha aplastada ya sin ánimos de vivir.

 -Amor- le llamé yo, como en aquellas épocas de antaño en donde era él quien exigía de mí- realmente ahora deseo morir- Intente verle en la oscuridad ¿Es que acaso descubrir que lo desconocido en realidad es conocido me iba a ayudar a verle entre las sombra?

 Vi brillar, lo que yo relacioné, sus ojos. Me senté, y fue en ese momento cuando sentí el verdadero dolor que causa el darse cuenta de la realidad.

 Palpé mis brazos buscando rastros de alguna herida, de alguna señal que demostrara mi dolor, pero no encontré nada entre mis extremidades. Busqué sangre en mis piernas, algo que demostrara, o mejor, que expulsara todo el dolor interno que estaba sintiendo, pero no había nada que me ayudara a liberar dolor…ni una mísera lágrima quedaba. No encontré marcas que demostraran la lucha que había tenido esa noche, para el resto del mundo sería algo inexistente. No había nada visible en mi cuerpo sangre o heridas, nada que fuera visible para el para la humanidad.

 -No melancolía, tú sufrirás tanto como he sufrido yo- Susurro el individuo traicionero mientras iba saliendo del salón.

 Una cosa simple sé:

 Tal vez El salón no haya sido el nombre de aquel lugar, pues nosotros noblemente le llamamos corazón. Tal vez El intruso no era un mortifago, de seguro no lo era, pero su nombre ya no lo deseo recordar. Lo que me concierne de la oscuridad les puedo asegurar que no era un simple apagón, sino más bien La ceguera que causa el amor. Y tal vez el hechizo no se llamaba crucio sino que simplemente era El Amor.

 

Llanto en mi corazón

Paul Verlaine

 

Llanto en mi corazón

Y lluvia en la cuidad

¿Qué lánguida emoción

Entra en mi corazón?

¡Dulce canción de paz

La de la lluvia mansa!

Para el dolor tenaz,

¡Oh, qué canción de paz!

¿Qué motiva el sufrir

Del corazón hastiado?

Si n le vino herir

Traición, ¿Por qué sufrir?

¡Y el más grave dolor

Es ignorar por qué,

Sin odio, sin amo,

Lleno está de dolor!

 

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poesias sueltas

  • Jul. 22nd, 2008 at 12:26 PM
muerte

IV

(Marzo)

 

Nada muere,

Porque nada siente

 

Tú moriste

Porque yo lo sentí

 

Nada siente

Todo muere

 

V

(Acerca del dolor: )

 

Sé de alguien que imita al dolor, sin siquiera conocerlo.

Sé de alguien que iguala al dolor, con llantos y lágrimas.

 

Si yo sangro, él sangra juntamente conmigo.

Si el llora, yo absorbo la naciente lágrima

(Como las gotas de lluvia que obligadamente caen en mi boca)

 

Si, es verdad, él muere lentamente cada día

Pero yo muero fraternamente con él.

 

VI

(Acerca de la búsqueda: )

 

Abundan las carcajadas; sobra la torpeza

Nacen flores; y nos sobra vida

Abrazos se ven a diario; Nos falta amor

 

Nadamos en murmullos

Nos ahogamos en calor

Revivimos con falsas razones

Y nos secamos a voluntad

 

Nos marchitamos en soledad

¿Nos carcome el dolor?

Rogamos atención

Robamos amor

 

Y al final, todo está donde no hay nadie

(¿Quién se atreve a buscar en las tiniebla?),

Y nada da lo que todos encuentran.

 

 

 

 

 

VII

 

Todo lo que vemos existe.

Nada veo

 

Reímos ante un enemigo,

Lloramos ante una Adhesión

 

Todo lo que apreciamos existe.

Ya a nadie aprecio

 

Yo veo y quiero.

Yo alucino y resisto

 

Creo poder ver,

 Creo poder sentir

 

¿No es acaso maravilloso poder existir?

 

VIII

 

Traicioneros ojos.

Traicioneros pensamientos.

De saber que lo ver no es sentir,

Y creer no es percibir…

No hubiese confiado en vosotros.

 

Veo gente, mas no puedo ver las almas

Saboreo amores pero ¿Cómo gustará el amor?

Toco cálidas lágrimas pero ¿Qué textura tendrá el dolor?

 

Escuchamos palabras consentidoras.

Incluso el aire se cubre de un agradable aroma.

Rozamos labios cálidos pero indiferentes.

Gustamos de sabores diferentes,

Más siempre saboreamos la misma frustración.

 

¿Sé acaso de la no existencia de las cosas?

¿Existiré yo?

 

IX

 

Me haces vivir con tus flores extrañas,

Me haces soñar con tus palabras aisladas.

Vivo y sueño, sin importar cuál será mejor.

 

 

 

 

 

X

 

Te fuiste de verano.

Yo me iré en otoño,

Siempre cantando tu canción

 

En mayo las hojas caen

En marzo las almas mueren

 

El otoño no fuerza a nadie; todo pasa

En verano no se vive; nadie cree

 

El verano es calor, muerte y desesperación.

El otoño es la mitad de todo, claro que con total anticipación.

 

 

 

 

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Tabla del tacto

  • May. 13th, 2008 at 8:20 PM
muerte



Fandom: Harry Potter
Claim: James & Lily


“Escalofríos”


Era un frío día de invierno, de esos que si se tratara de elección nos quedaríamos en la cama arropados en frazadas. De hecho la noche anterior había estado lloviendo, y hoy en la mañana se había puesto a nevar, cubriendo de esta manera todos los tejados del castillo de Hogwart, los antiguos pastos y congelando el lago. El campo de Quidditch también estaba con nieve pero aun así los equipos se animaron a ir a entrenamiento.

 

Lily Evans se encontraba en la sala común, uno de los lugares más calidos del castillo (Luego de la biblioteca) para pasar aquel día frío. Estaba sentada en el sillón justo al frente de la chimenea, leyendo un buen libro a la luz del fuego. Había estado sentada en el mismo sillón desde que finalizo el almuerzo, hace un par de horas atrás, y no había necesitado moverse para nada. Las novelas Muggles eran su mayor debilidad luego del chocolate, en especial esa novela muggle de Lewis Carroll. Referente Lily Evans no pasaban las horas cuando leía, por lo que cuando se le entumió una pierna no se sorprendió en lo absoluto si no que simplemente se levanto de su cómodo sillón e hizo algunos movimientos para despertar sus músculos.  

 

Unos chicos le interrumpieron su lectura, ambos llevaban la ropa de entrenamiento del equipo de Gryffindor por lo que supuso que Potter les había dejado en paz para irse a cenar. Con ese entorpecimiento Lily salió de su mundo y descubrió que había estado más de 3 horas leyendo en la misma posición y, según ella, lo peor de todo era que no había hecho sus deberes para mañana. Se volvió a levantar de su sillón para comenzar a recoger todos sus libros y pergaminos viejos. Sintió un leve escalofrió al separase del calor de la chimenea.  Iba en dirección a la estantería de la sala para dejar unos tomos de “Magia avanzada para jóvenes aprendices”, los libros que no había alcanzado a leer o, mejor dicho, los libros que debería haber leído.

 

Comenzó a revisar los libros que se encontraban a su altura y encontró un libro de colección perteneciente a Remus J. Lupin. Comenzó a hojearlo sin ningún escrúpulo ya que se trataba de su amigo, era interesante saber que el libro tenía más de 300 años. Sintió una brisa helada pero no supuso que alguien había entrado por el retrato de la dama gorda y que ese alguien le estaba mirando detenidamente.

 

No fue cuando hasta cuando sintió un cuerpo calido rodeándole por un lado de su cuerpo; cuando su nariz se ahogo en el olor que ella muy conocía. Un nuevo calor le recorrió el cuerpo, el calor que trae la vergüenza, y cuando el brazo que estaba rozando su cintura se retiro del lugar llevando un libro, sintió un escalofrió que ella asoció al frío que había sentido antes.

 

El olor a lirios que era característico en Lily se le quedo impregnado en su ropa. Esperó a que Lily se diera vuelta porque es lo lógico ¿No creen? El chico supuso que Lily le estaba ignorando por la simple razón de ser él. Antes de atreverse a llamar a Lily sintió una leve punzada en el pecho de arrepentimiento adelantado. Se aventuro a tocarle el hombro a la pelirroja, dos dedos cayeron en el cuello de Lily.

 

Aquel contacto entre pieles hizo que Lily sintiese un prolongado temblor en su cuerpo, al igual que los vellos de su brazo que se levantaron ante el contacto. Lily Evans cerró los ojos ante el contacto pero enseguida los abrió ya que sentía la mirada de James clavada en su espalda. Obligó a su cuerpo a darse la vuelta y, lentamente hizo aquel movimiento con el único fin de encontrar sus ojos con el color chocolate de su acompañante. James Potter de seguro no tenia idea de cuanto le gustaba el chocolate;  en caramelos o en barras. No tenía idea de cuanto le gustaban aquellos ojos que parecía que hasta tenían olor a chocolate. ¿Acaso la boca también? Se sonrojo abruptamente cuando miró los labios entreabiertos de James.

 

Dejó caer el libro de Remus, el de 300 años de antigüedad y no le interesó en lo absoluto recogerlo. De forma automática fue él chico quien se agacho y recogió el libro del suelo para luego levantarse rápidamente. Él esperaba a que Lily le arrebatase el libro rápidamente o que se lo pidiese de forma brusca, para luego él poder hacerla enojar nuevamente y poder ver ese característico brillo en los ojos esmeralda de Lily.

 

- Toma- La ronca voz de James le rebotó en sus oídos como si se tratase de música angelical, aunque de angelical no tenía nada. Le ofreció el libro- ¿Estas bien?- Preguntó James cuando notó que Lily no le respondía. Puso sus nudillos en la mejilla de la chica y lo que parecía que quería saber la temperatura hizo que Lily la sintiese como una caricia. La cara de Lily estaba helada.

 

De forma resuelta James aprovecho la oportunidad para tocar la tersa piel de Lily bajo sus nudillos. El primer tacto con la piel de Lily, de seguro lo recordaría por siempre. La piel de Lily se puso colorada por lo que supuso que ya había vuelto a su temperatura normal. Por un momento logro ver un brillo extraño en los ojos de Lily…

 

-Estoy bien Potter- Respondió Lily luego de bastante tiempo haciendo que la respuesta sonase extraña o irrelevante. La mano de James se retiró de su rostro sonrojado,  oportunidad que ella utilizó para arrebatarle el libro que tenia en las manos. Miró a James de la forma más dura que encontró, más no encontró ninguna suficiente para espantar su propio miedo.

 

 James intento tocar la piel de Lily nuevamente, pero el cuerpo menudo de su pelirroja se encontraba demasiado distante como para ser alcanzado.

 

Lily vio la intención que tenia James y se largo de la acalorada sala común. No hubiese tolerado otro contacto con la piel de James, no hubiese soportado otro escalofrío.


 

 

 

 

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May. 13th, 2008

  • 8:03 PM
muerte

Tabla 10 instantes-sentido: el Tacto

Tabla: De los sentidos
Fandom: Harry Potter
Claim: James & Lily



1. Caricia2. Escalofrío3. Roce4. Aspereza5. Suavidad



Y eso seria, espero poder actualizar lo antes posible, pero por ahora subo Escalofrios.

::Cuaderno Azul::

  • Apr. 11th, 2008 at 4:42 PM
muerte

Lluvia sin gracia

Sollozos lastimeros,
Lastima es lo que dan.

 El continúo goteo de una llave
El viento rasgando una hoja
Una lagrima calida recorriendo surcos Vacíos
La vida destruida comparándose a un Pardal.

 Sueños locos,
Locamente dejados atrás.

 
Poesia basada en algunos hechos importantes que me hicieron escribir esta poesia. La verdad es que ultimamente no me han dado ganas de escribir mi fic porque ando melancolica y mi fic es mucho humor, pero me agrada es bastante. El punto en todo esto es que me agrada esta poesia y a la gente que se la he enseñado le ha agradado bastante,  y la verdad es que no se porque la subo si casi nadie se pasa por este sitio y tampoco creo que le interese lo que escribo en mi cuaderno azul.


Hoy, en santiago de Chile es un día lluvioso en donde no queda nada más que dedicarse a leer y escribir...

 


¿El comienzo?

  • Mar. 26th, 2008 at 12:40 AM
muerte

"Soy el desesperado, la palabra sin ecos,
el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo."
(Pablo Neruda: Veinte poemas, VIII)

Me encontraba leyendo las flores del mal, de Charles Baudelaire, cuando vi esta frase del conocido poeta chileno: Pablo Neruda. Me di cuenta de que estos pocos versos causaron una gran impresion en mí ¿Por Qué? Por la simple razón de que lo perdi todo, y también lo tuve todo. ¡sep! definitivamente estuve leyendo este poema, dirigido principalemte al lector del libro de las flores mal sanas:

 
La necedad, el error, el pecado, la tacañería,
Ocupan nuestros espíritus y trabajan nuestros cuerpos,
Y alimentamos nuestros amables remordimientos,
Como los mendigos nutren su miseria agusanada.

 Nuestros pecados son testarudos, nuestros arrepentimientos cobardes;
Nos hacemos pagar largamente nuestras confesiones,
Y entramos alegremente en el camino cenagoso,
Creyendo con viles lágrimas lavar todas nuestras manchas.

Charles baudelaire, las flores del mal

Mis palabras sobran...Mis sentimientos sobran (El corazon me sobra ¿Podre arrancarmelo?).


 

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